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La superioridad de la ética atea sobre las éticas religiosas

En una lista de correo he escrito un par de e-mails que me ha parecido que podría ser interesante compartir con vosotros:

Personalmente considero que la ética atea es claramente superior a todo tipo de ética religiosa, y esto es eviente porque la causa de su superioridad procede directamente de sus cimientos.

La ética religiosa no es más que la recopilación de una serie de tradiciones que el creyente piensa derivadas de Dios y, por lo tanto, se dedica a cumplirlas sin plantearse su idoneidad. Esto nos puede llevar a absurdos inofensivos como el tabú musulmán sobre la carne de cerdo… O a absurdos mucho más dañinos como el veto católico sobre los preservativos.

La ética atea, por el contrario, es una ética formada por la reflexión sobre lo que es justo e injusto. El ateo buena persona actua bien porque íntimamente sabe que es lo correcto, y no porque ningún Dios se lo ordene.

La ética religiosa se basa en aquello que nuestros antepasados decidieron que era bueno o malo, con nula o mínima reflexiónsobre sus posibles errores. En cambio la ética atea se basa simplemente en aquello que, percibimos, es lo mejor para que las personas puedan ser más felices.

Por eso un católico está en contra de la eutanasia. La tradición nos dice que la vida es sagrada, porque Dios lo dijo. Eliminan de esta regla general toda posibilidad de aplicarle el sentido común y así transforman su Dios de Amor en una especie de Dios del Dolor que se regocija en hacer sufrir a una persona durante días enteros antes de que se muera igualmente.

En cambio los ateos estamos a favor de la eutanasia en casos concretos porque aunque aceptamos el principio general del derecho a la vida, creemos que la vida es un derecho, no una obligación. Y sufrir inutilmente es un absurdo.

La ética religiosa es una ética infantil. Es la ética del “no puedo hacer esto porque papá me lo ha prohibido”. Una ética propia de sistemas judiciales primitivos que piensan que pueden obligar a cumplir la ley mediante el miedo a un castigo post-mortem.

Naturalmente, existen personas buenas y malas dentro del ateismo y dentro de cualquiera de los grandes pensamientos religiosos. Pero el que actua de una forma determinada porque es la más correcta, siempre tenderá a ser mejor que el que lo hace por miedo a un posible castigo divino.
[Este mail recibió una réplica y a mi vez escribí esta contestación]

Me parece interesante tu postura de considerar que deberíamos recoger la ética cristiana y quitarle el sobrante. Sin embargo creo que es excesivo considerar que no existe una ética atea. La diferencia entre las éticas religiosas y las éticas ateas no se establece en los valores que defiende (en teoría, podrían llegar a coincidir al 100%) sino en el origen que se atribuye a los valores éticos. Una ética religiosa considera que las cosas son buenas o malas porque así lo decidió la divinidad. Una ética atea en cambio considera que lo correcto o lo incorrecto lo decidimos los hombres según lo más apropiado para el bien común.

Una ética identica a la del catolicismo oficial, pero defendida por alguien que considera que Dios no existe no es una ética cristiana, es una ética atea.

Por otra parte, no estoy de acuerdo en que la ética que tenemos los ateos sea una ética cristiana modificada. Yo creo que es la ética propia de un europeo de principios del sXXI.

Por coherencia consigo mismos, los creyentes consideran que sus valores son eternos y que han permanecido inmutables desde el inicio de sus respectivas religiones, pero esto es falso. Hoy un cristiano considera ético respetar que otras personas tengan distintas religiones, mientras que la Constitución de Cadiz todavía afirmaba que a los españoles no nos estaba permitida otra religión que la católica. Hoy un cristiano considera ético el respeto de la vida a cualquier precio, mientras que cientos de miles de cristianos medievales invadieron Palestina bajo el lema “Dios lo quiere”. Hoy un cristiano considera la esclavitud como algo perverso, mientras que un niño del sur de los EEUU a principos del sXIX (como Huckleberry Finn) podía creer que iría al infierno por no denunciar a un esclavo fugado.

En realidad, la ética católica actual es (afortunadamente) muy distinta a la de nuestros antepasados. Y de hecho, la ética de un católico de nuestro tiempo es más cercana a la de un ateo actual que a la de un católico del sIII, del sXI o incluso del sXIX.

Se podría decir, y es cierto, que la ética de la Europa del sXXI es hija de dos milenios de cristianismo y es cierto. Pero deducir de ello que la ética atea del sXXI es simplemente la ética cristiana con otro nombre es como suponer que el catolicismo no es más que el platonismo con otro nombre. Un exceso.

Estoy de acuerdo en que una autoreflexión sobre lo justo o lo injusto no tiene porque llegar a buenas conclusiones. Pero este mal no es propio de la ética atea, sino de cualquier tipo de ética. Con la diferencia de que sobre una ética atea se puede discutir mientras que la ética religiosa no tolera cambios más que muy graduales. Mediante la ética atea nos confundiremos, pero serán nuestros propios errores. En cambio mediante la ética religiosa no sólo nos confundiremos, sino que encima serán equivocaciones ajenas que ni si quiera podremos discutir.

Creer que la gente es más ética por miedo al infierno es equivalente a pensar que la gente no comete delitos por miedo a la carcel. Ni los paises con penas más duras no son precisamente los que menos delincuencia padecen, ni los países con religiones más fuertes los que tienen ciudadanos más éticos.

Apesar de ello, acepto la posibilidad de que algunas pocas personas repriman sus maldades por miedo al infierno (yo creo que son pocas personas, la mayoría de la gente que se reprime por miedo al infierno lo que reprime son cosas que en realidad no son malas).
Pero creo que esas personas no compensan, ni de lejos, la cantidad de personas malvadas que crea las contradicciones propias de una ética cuando es impuesta desde fuera, cuando no ha sido interiorizada del todo.

No me refiero a grandes maldadas, claro, no hablo de asesinatos, sino de maldades cotidianas. Hablo de la envidia, la lascivia y todas esos sentimientos tan destructivos y tan dañinos que provoca el ver a gente que hace o tiene cosas que tú no puedes tener porque tu ética te lo prohibe y no entiendes porque. Es el caso claro de la mayoría de los sacerdotes y monjas, personas que tienden a estar amargadas por una ética equivocada que les impone ir contra su naturaleza humana y no poder disfrutar de una sexualidad sana.

Las normas éticas en realidad son una especie de contrato social. Hemos aceptado unas normas básicas de convivencia que nos permiten crear una sociedad en la que vivir cómodamente. Durante una fase de nuestra evolución ética, ha sido necesario que esas normas sean sacralizadas, al igual que durante una fase de nuestra evolución política fue necesario sacralizar a nuestros gobernantes. Pero creo que ya es momento de superar definitivamente esta fase. Y si no lo es, debemos luchar por hacerlo lo antes posible en busca de unas éticas más eficaces.

Y las más eficaces son aquellas que las personas perciben como justas y aceptan incluso a nivel subconsciente. Este tipo de ética particular de cada uno es la que más favorece la existencia de personas felices. Las personas felices raramente realizan actos malvados, porque no tienen necesidad de ello. La infelicidad es la madre de la maldad y las distintas religiones son una gran fábrica de personas infelices.

Volviendo al tema de si una ética atea ha de ser necesariamente una ética egoista. Yo creo que una persona egoista es una persona infeliz. Nadie puede ser feliz rodeado de gente infeliz, por el propio bien de cada uno es necesario ayudar a que tu entorno sea feliz. ¿Esto es egoismo? posiblemente, pero no más que la amistad o el amor.

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Miércoles, 10 octubre 2007 - Posted by | Ética

34 comentarios »

  1. “El ateo buena persona actua bien porque íntimamente sabe que es lo correcto” Haces referencia a lo que define el catolicismo como “moral natural”. Tanto alguien que haya recibido formación religiosa, como alguien que viva en la selva más recóndita, comparten una serie de principios que se encuentran en la propia naturaleza del hombre. Ambos saben que determinadas acciones están mal, les hayan hecho o no caer en la cuenta.

    El catolicismo no rechaza esta ética atea que comentas, sino que la integra en su propia moral. Y yo por lo menos he escuchado en varias ocasiones recomendar no seguir los preceptos al pie de la letra si no con sentido común. La religión no debe constreñir a la persona, si es así, más vale dejarla.

    Un saludo 🙂

    Comentario por Laia | Jueves, 11 octubre 2007 | Responder

  2. La diferencia entre la ética de un ateo y la de un cristiano no es que sean fruto o no de la reflexión o la tradición. Así un ateo puede seguir la ética escrita por un filósofo, sin pensar los beneficios, adecuación, etc.
    La mejora de la ética atea es que al contraria que la cristiana es verdaderamente altruista ya que no busca recompensa eterna ni elude castigo infernal, simplemente busca lo mejor para la sociedad del individuo, que a su vez es lo mejor para éste (ganamos todos -> gano yo).
    Esa es mi creencia.
    Y por eso no puedo ser católico, porque no me importa la vida eterna.
    Bueno, tal vez si Samarkanda el Juego de Rol fuera una asignatura obligatoria en secundaria, me podría interesar, pero sólo desde ese punto de vista, racional y sano.

    Comentario por Tonisan | Martes, 4 diciembre 2007 | Responder

  3. Confundes ateo con racional y creyente con irracional. Te recuerdo que hay concepciones ateas irracionalistas, así como supremas mentes racionalistas y cristianas como Descartes y Leibnitz. En la religión católica no hay un sólo precepto moral que no esté debidamente fundamentado en la razón. Otra cosa es que a tí no te guste.
    Si Dios es Logos, es Razón, entonces decir que Dios no existe es decir que lo que existe es absurdo, es irracional. Por tanto, una ética atea es, en última instancia, una ética irracional.
    Tampoco es cierto que la religión sea un utilitarismo. En su esencia, la religión es mística, puro amor, unión del alma y Dios: “No me mueve, mi Dios, para quererte/ el cielo que me tienes prometido,/ ni el infierno …” En cambio, para fundamentar una ética atea tienes que hablar de “ganamos” y “gano”. ¡Qué triste y qué patético (en su sentido de doloroso)!

    Comentario por Andrés | Miércoles, 5 diciembre 2007 | Responder

  4. Yo no creo estar confundiendo racionalidad y ateismo. Es evidente que un ateo puede ser muy irracional. Sin embargo, sí que está claro que un creyente es irracional y creo que son Descartes y Leibnitz los que lo confunden 🙂

    El Dios de Leibnitz es, en mi opinión, lo que nosotros conocemos como “ciencia” y, desde luego, no tiene nada que ver con lo que todo el mundo considera Dios. El Dios de Descartes en cambio es el único gran agujero de su argumentación y algo que se vio obligado a introducir a calzador porque su fanatismo religioso le obligaba a ello (no lo digo como crítica, hay que tener en cuenta la época en la que vivió Descartes).

    La religión no es en esencia mística, ni puro amor ni unión del alma y dios ¿o es que las religiones guerreras no eran religiones? ¿Qué eran entonces?

    La religión PUEDE ser mística, PUEDE ser amor y PUEDE ser unión del alma y dios. Pero también pueden no serlo. ¿Cómo se puede afirmar lo contrario en un mundo en el que cada tres por cuatro escuchamos a alguien hablando de guerras en el nombre de Dios?

    Comentario por Tiberio | Sábado, 8 diciembre 2007 | Responder

  5. Estoy de acuerdo con los e-mails en lineas generales, pero no entodos los aspectos; al igual que con los comentarios. No entraré a diferenciar esos aspectos puntuales (entre otras cosas, porque podria llevarme mas de una hora y tengo que cenar, jeje). Pero creo que en realidad la diferencia no esta entre que la ética sea atea o religiosa, si no en cómo la interioriza la persona y en cómo actúa al respecto. Una persona puede ser creyente en Dios, pero no someterse a la moral de una religión de la misma forma que puede afiliarse a un partido o sindicato sin que ello conlleve la aceptación personal de todos los principios de este, reflejada en su actitud cotidiana. Igualmente, un ateo puede seguir una ética por simple “aborregamiento”.
    También habría que tener en cuenta que no todas las religiones de la historia de la humanidad han sido a lo largo de su historia particular como religión tan intransigentes como lo eran el catolicismo de la inquisición o el islamismo de Al Qaeda. Si queremos diferenciar el valor de las distintas éticas, jerarquizándolas, tendríamos que atender a los casos particulares de aceptación, no a algo tan general como puede ser la religión, y no considerando todas las religiones iguales en características generales a las que tienen las más extremistas que conocemos.

    Comentario por Asteth | Martes, 29 enero 2008 | Responder

  6. Hola Asteth!

    Creo que el debate no debería ir por ese lado. Más que nada porque estoy de acuerdo con lo que dices, así que poco podríamos debatir entonces 🙂

    No se trata de la ética de personas individuales ateas o creyentes, sino del concepto en sí de la ética atea y la ética religiosa. Está claro que cada persona puede tener una ética propia más o menos propicia independientemente de sus creencias religiosas.

    Una persona creyente que tiene una ética propia no basada en la religión, en realidad tiene una ética atea. Porque lo que diferencia a ambos tipos de ética es su origen, divino o racional.

    Comentario por Tiberio | Miércoles, 30 enero 2008 | Responder

  7. La etica atea no es ni superior ni inferior, ya que si dices esto no tienes ningun tipo de etica.

    Ya que la ética pretende examinar, observar y relativizar las propias acciones, no las de los demás.

    Yo creo que no hay que complicar tanto la etica religiosa(me incluyo) cree en Dios, que es su Logos, su Razón.Fuera de lo que diga los mandatarios de la iglesia que no hablan por todos los catolicos.

    Y la etica atea es la razon fuera de dios, yo tambien tengo mi etica atea, fuera de la cristiana y viceversa.

    Esta claro que la etica es personal, lo cual no puede decirse que sea una etica religiosa, un hombre tiene una ETICA PERSONAL Y UNA MORAL RELIGIOSA O ATEA; O AMBAS.

    saludos!

    Comentario por Bioxe | Viernes, 16 mayo 2008 | Responder

  8. ¡¡¡ATENCIÒN ATEOS DEL MUNDO.

    AHORA VIENE RESULTANDO QUE TENÍAMOS RAZÓN. DIOS NO EXISTE A LA MANERA DE COMO SIEMPRE SE NOS DIJO, SINO DE UNA MANERA CERTERAMENTE DISTINTA Y MUY FÁCIL DE COMPROBAR. YA QUE SE NOS REVELA HOY, QUE EL HOMBRE HA ESTADO HACIENDO LO QUE SE CREE QUE ES DE DIOS — CON SU PROPIA MENTE—, QUE TODO LO QUE DEJA PASAR POR ALLÍ, CREYÉNDOLO, SUCEDE: BIEN Y MAL. Y PARA EVITAR QUE NOS SIGAN OCURRIENDO COSAS MALAS O NO DESEADAS (CON LO QUE SE COMPROBARÁ ESTA VERDAD), BASTARÁ SÓLO DESEARLO, Y PRONUNCIARLO CON NUESTRA PALABRA, HABLADA O PENSADA…
    Y NOSOTROS, POR NO HABER CREÍDO NUNCA EN ESAS PASADAS PATRAÑAS PRONUNCIADAS POR EL HOMBRE, GRACIAS A ESO ESTAMOS SALVADOS. Y SEREMOS LOS PRIMEROS EN SER ESCOJIDOS Y SABER DEL VERDADERO DIOS. PUESTO QUE SI NOSOTROS SOMOS DIOSES (COSA QUE SERÁ COMPROBADA MEDIANTE LA PRÁCTICA DE ESTA PALABRA), AHORA NO CREER EN ÉL… SERÌA NO CREER EN NOSOTROS MISMOS.

    ¡¡¡ENTÉRATE LEYENDO ESTAS LÍNEAS!!!…

    !!!Salud… Padres, Hijos, Hermanos…, Amigos mìos !!!

    Les anuncio que nos llegaron las ùltimas Buenas Nuevas. Lo màs grande en Metafísica, que jamàs huvièsemos imaginado que existiera y que pudiera ser posible (y que deja todo lo que sabemos, en demasiado poco… o nada). Y esto es, ni màs ni menos, que un inèdito legado inmediatamente actual (con menos de cuarenta años en el mundo) de: ¡JESÙS!…
    15 años llevo estudiàndolo y poniendo en pràctica sus indicaciones. Dìa y noche trabajo en ello, con lo que lo he descifrado casi totalmente.
    Entèrate presionando:
    http://www.metafisbuenamorista.com.ar

    Que le saquen muy buen provecho. Gracias, y suerte.
    Atte. Huvi Anma

    …Y NECESITO APÓSTOLES PARA DIVULGAR POR EL MUNDO ESTA ÚLTIMA PALABRA DE DIOS (Con la que, todo lo bueno y certero que se cree de la vida, de la lógica humana, y de lo “natural” e inevitable, pierden, literalmente, todo sentido, poder y significado).

    He aquí una sipnosis del contenido con cosas “viejas y nuevas”:

    Se avisa a los pacientes y sus familiares en la Tierra, que ya no hay por què continuar viviendo con enfermedades encima. Que nos llegò la verdad sobre Dios, la cual nos dice que, Èl estarà desde ahora, conscientemente y bajo nuestro control, en la mente de cada ser humano, por supuesto, de aquel que sea capaz de creer en esta propuesta y ponerla en pràctica. Con lo que, cada uno, se reestablecerà de todo mal —en general— que lo estè aquejando; y aun hasta de aquellos, los cuales muchas veces los “especialistas” han asegurado que ya no hay remedio… y que sòlo habrà que esperar el “inminente fin”…

    DIOS estuvo siempre en dicho lugar…y nunca fuera de el. Aclaraciòn con la cual, hoy se nos revela que, exigir la salud, la paz y la dicha, con la fe puesta de esta manera y por este medio, es la fórmula exacta para obtenerlas…,llegando a ser así esta nueva forma de fe, algo mucho màs fuerte y poderoso que la fe màs grande puesta a la manera pasada por alguien a travès del curso de la vida y del mundo, hasta ahora, y con fabulosos resultados, ni siquiera posible de ser imaginados por ninguno.
    Que será, por lo que, segùn dice La Biblia, que: “Los cobardes no entraràn al Reino de Los Cielos”. Siendo estos (los cobardes) los que, por miedo a Dios y sus castigos y al diablo y su infierno, amedrentados tremendamente con convencimientos del todo delirantes, febriles, fanáticos y errados acerca de la naturaleza y carácter Él, no se atreveràn a conocer y a practicar lo mágico y maravilloso que trae esto para la paz y dicha humanas. Lo que, por el solo hecho de ser de manejo tan fácil y de extraordinarias realizaciones y obtenciones, se los considera “atrevido”, “demoníaco”, “hereje” y “blasfemo”. Todo esto a causa de lo que viene en estas Buenas Nuevas.
    …Pero, he allì la razòn por lo cual se liberaràn de todos sus males estos valientes, sacando provecho de esta poderosísima potencia y energía, que —sin duda alguna es enviada de lo alto—, los cuales, de todo otro modo, jamas lograron liberarse ni reestablecerse; incluyendo en estos a todos los que Dios —según se ha estado creyendo—,“ignorò”… o “nada jamàs quiso hacer por ellos”.
    Siendo esto una de las tres grandes diferencias con lo pasado: Que es hecho todo, con total independencia, responsabilidad y libertad (que asì està escrito). Con lo que las otras dos razones serìan, el recien inicio de la verdadera instrucciòn a seguir, y el comienzo del cierto camino ascendente en aras de Dios.
    .

    Instrùyete al respecto leyendo el adjunto, continuando con sus respectivos y siguientes pasos, contactàndote con la pàgina web: http://www.metafisbuenamorista.com.ar.
    O al Email: info@metafisbuenamorista.com.ar

    Nota: Se encarece a las personas enfermas y a las gravemente afectadas emocionalmente, una vez ya favorecidas por este conocimiento y que dispongan de medios, hacer llegar alguna donaciòn a voluntad, para poder continuar divulgando esta palabra por el mundo, ya que quienes estamos en esta inicial labor, no disponemos de tales para ello.

    Para que nos ayude con su aporte entonces, en esta incomparable obra sin paralelo, y desde todos los tiempos; hàgalo depositando su colaboraciòn a la cuenta de ahorro del: Bancoestado, en Chile, nùmero:35660343219 a nombre de Mario Villalobos H.

    O en Argentina, a la cuenta de ahorro nùmero: 3667242 sucursal 043 del banco Santander Rio, al mismo nombre de usuario. Agregàndole a estos tràmites —las personas de afuera de la zona de mencionada sucursal— el respectivo nùmero de: CUIT:0000000 092 4825 024 màs el CBU: 07200 4348 8000 0366 72422422

    Muchas gracias de antemano, y bendiciones.

    Atte. Sss:
    Huvi Anma.

    Comentario por Huvi Anma | Miércoles, 10 diciembre 2008 | Responder

  9. No entiendo lo de “ética atea”. ¿Porqué atea?, ¿porqué no simplemente “ética”?.

    Veo dificil construir nada en base a la negación de otras cosas.

    Comentario por Alfonso | Viernes, 20 febrero 2009 | Responder

  10. Hola Huvi Anma!

    Hablaba de ética atea porque, en este artículo en particular, no me interesaba hablar de la ética en general, sino de las diferencias entre quienes consideramos que el origen de la ética debe ser racional y los que le dan un origen sobrenatural.

    Comentario por Tiberio | Sábado, 21 febrero 2009 | Responder

  11. Creo que el problema viene precisamente de intentar diferenciar una ética (“religiosa” o “atea”) según su origen, y atribuirle unas u otras características según el mismo, porque esa diferenciación me parece muy traida por los pelos. Antes de debatir las bondades o maldades de la ética “religiosa” o “atea”, habría que plantearse si realmente existen como tales.

    Tibe parte de la premisa de que la ética religiosa está falta de espíritu crítico por definición, es decir, que su razonamiento es parcial, y por ello, defectuoso. Y esa es una afirmación difícilmente demostrable. Parte del problema venga posiblemente de la visión de la ética religiosa como un ente monolítico, centralizado quizá en las religiones con más fanáticos per cápita: el Cristianismo y el Islam.

    Pero lo cierto es que ni esas religiones tienen una ética tan monolítica, ni son las únicas. La gran mayoría de religiones (incluso esas dos) promueven un proceso contínuo de meditación personal, de construcción del individuo, de forma que las pautas de conducta “éticas” se alcancen por convicción, y no por aceptación ciega. Fijémonos por ejemplo en el Budismo o el Protestantismo; sobre todo en esta última, la autocrítica y el razonamiento es constante y feroz (Leibniz tengo entendido que no era Católico…).

    Siguiendo en eso, es difícil hablar de una ética católica porque no todos los católicos están de acuerdo con la postura de la Iglesia en temas conflictivos (ejemplo mediático, Hans Küng, teólogo católico http://www.redescristianas.net/2009/03/21/hans-kung-la-historia-juzgara-al-papa-como-responsable-de-la-propagacion-del-sida-en-africajose-manuel-vidal/)

    Por otra parte, dentro del ateismo se podrían encuadrar una multitud de corrientes morales muy opuestas entre sí, de modo que por ese lado tampoco hallaremos quorum; sin ir más lejos, cada movimiento político de cierta entidad acabaría entonces creando su propia ética, por lo que bajo el epigrama de “atea” tendríamos gente con pensamientos tan dispares como el fascismo y el comunismo… Creo que ya se coge la idea.

    Yo creo que realmente no puede hablarse en propiedad de una “ética religiosa” y una “ética atea”. La ética es ética, y como tal es personal e intransferible. Se pueden buscar los elementos comunes en un conjunto de población y luego colgarle la etiqueta correspondiente, pero en conjuntos tan grandes como “gente con inclinaciones religiosas” y “gente atea”, el universo de muestra es tan dispar que se hace imposible hallar puntos comunes que permitan una comparación.

    Un abrazo,
    Richy

    Comentario por richy | Lunes, 23 marzo 2009 | Responder

  12. Me parece muy interesante este debate y uno de los puntos que se nos suele discutir a los ateos: si no hay dios, todo está permitido y, por lo tanto, toda ética es imposible.
    Me parece un error de apreciación. Según yo lo veo, toda religión es indemostrable, se basa en creencias y no en evidencias y es discutida y discutible (las restantes religiones suelen encargarse). De ahí se extrae que toda ética que se base en un sentimiento religioso será discutida en su base. En cambio, la ética atea se basa en el sencillo principio de no actuar como no quisíéramos que los demás actuaran con nosotros. También se formula este principio diciendo que todo el mundo tiene una libertad muy amplia, que limita con la libertad de los demás. Es un principio sencillo y que se puede aceptar sin más recurso que la razón, es la base del contrato social sobre el que se puede construir una sociedad realmente libre. Por si fuera poco, no veo en qué tiempo o lugar no sería de aplicación.

    Comentario por Luis | Martes, 23 junio 2009 | Responder

  13. Alguien dijo que se podía ser católico sin estar de acuerdo con la Jerarquía de la Iglesia, eso es un error y no define bien lo que los católicos creemos. Dios se nos muestra através de la voz de los pastores: la Jerarquía. Del mismo modo que la Verdad Revelada en la Sagradas Escrituras.

    Si no sabes en qué creemos no nos defiendas.

    Comentario por Teresiano | Lunes, 17 agosto 2009 | Responder

  14. Me parece bastante interesante tu colmna, pero me temo que solo has criticado a los católicos y no has tocado otras religiiones, como la hinduista, donde el Karma y el Dharma dan un concepto interesante de porque hacer el bien.

    Ahora, tengo una duda ¿Qué ganamos al hacer lo correcto si es un camino dificil y carente de satisfacciones? ¿Qué ganamos al preocuparnos por desconocidos si puede que ni nos de las gracias? ¿qué ganamos al luchar por el bien común, si lo único que importa es “Yo”?

    Comentario por Giorgio | Domingo, 23 agosto 2009 | Responder

  15. Por cierto, no soy católico, solo estoy pasando por una crisis existencial, intento comprender que me motiva a hacer siempre el bien, sino me ha traido más que desgracias

    Comentario por Giorgio | Domingo, 23 agosto 2009 | Responder

  16. Hola Giorgio!

    Es cierto que me he centrado en el cristianismo. Lo he hecho por ser esta la religión que mejor conozco.

    Pero creo que lo que digo sobre el cristianismo es aplicable a las demás religiones. El hinduista que realiza el bien para mejorar su Karma es equivalente al cristiano que lo hace para ganarse su entrada en el paraiso ¿no?

    Comentario por Tiberio | Domingo, 23 agosto 2009 | Responder

  17. el autor del artículo debió leer a algún frailecillo inculto de la baja edad media, si es que ha leído algo en su vida

    Comentario por pedro | Sábado, 29 agosto 2009 | Responder

  18. El espejismo ateo. “Una ética formada por la reflexión sobre lo que es justo e injusto”, jajaja. Lo justo, digamos, para un S.S., sería la supremacía aria, y en “su reflexión sobre lo justo e injusto” la solución final sería justa. Otra joya del autor: “El ateo buena persona actua bien porque íntimamente sabe que es lo correcto” Eso de “intimamente” cambialo por “alma”, “conciencia”, “corazón” o “espíritú” y te darás cuenta que no puedes negar, lo que se pretende negar: Una realidad más allá de la naturaleza, que nos impulsa al bien.

    Comentario por Mikoy | Viernes, 4 septiembre 2009 | Responder

  19. La mayor parte de las personas dedicadas a la caridad son religiosas. En la cruz roja, la yuda voluntaria en zonas de catástrofe o de guerra, rara vez cuenta con ateos, por lo general son cristianos, de las difrentes confecciones.
    Antes de la existencia del Estado Benefactor -o del Bienestar- (S. XIX) ningún Estado se atrivuía la función de garantizar los derechos básicos humanos. Solo y exclusivamente la Iglesia, en cumplimiento del mensaje de amor dejado por Cristo, y paralelamente a la a veces oscura historia política de la Iglesia, se dedicó de los huérfanos, de los pobres, de las viudas, de los hambrientos, de los enfermos. Ni la brillante filosofía griega, ni ninguna gran civilización jamás había manifestado tanta caridad como la de los fieles anónimos que buscaban la felicidad no através del placer, sino de la alegría del espíritu de hacer el bien

    Comentario por Fernando Cisneros | Viernes, 22 enero 2010 | Responder

  20. Un teórico economista postuló que el ocaso de las civilizaciones tiene relación con la decadencia moral.
    Las grandes civilizaciones de la antigüedad, los sumerios (mesopotámicos y babilonios), los egipcios, los griegos, los romanos, y tambien los incas, los mayas, los idios y l os chinos, tuvieron grandes grandes adelantos e innovaciones de todo tipo. Sin embargo, un pueblo del desierto que habitaba en carpas los superaba en moral. El pueblo hebreo, a diferencia de todas las civilizaciones de la antigúedad, de Asia, De África, de Europa y de América, “No practicaban sacrificios humanos, ni ofrecían vírgenes a su Dios, ni orgías, ni prostitución sagrada, ni adoraban animales, ni astros, ni ninguna manifestación de la Naturaleza, sino que creían en un Dios ideal, que no puede ser representado por ninguna imagen. El desarrollo de los derechos humanos, no surgió en occidente por casualidad, sino en gran medida porque la doctrina cristiana lo prodigó. La igualdad de género no se pudo haber desarrollado en una civilización no cristiana pro ejemplo, pues ninguna civilización de ninguan época de todo el planeta hubiera dado las bases éticas suficientes como para prodigarla.

    Comentario por Fernando Cisneros | Viernes, 22 enero 2010 | Responder

  21. me parece un debate por mas ironico que se pueda es la realidad de los hechos y nuestros valores la que nos lleva a cometer actos buenos o malos ya que la religion varia de acuerdo al pensamiento de quien lo ejerce y no va a ser parte de una etica nombrada ni comparada asi misma

    Comentario por javier | Sábado, 23 enero 2010 | Responder

  22. ATEOS DEL MUNDO, INCRÉDULOS Y DUBITATIVOS.
    Todos amigos…, ¡Benditos seamos!…

    Porque gracias a la condición espiritual que ostentamos durante todo este tiempo de incredulidad, el Reino de Dios, con todas sus maravillas, es: ¡NUESTRO!…
    Escuchen bien: Todos los que creyeron en Él a la manera antiguamente impuesta, hoy, ante la definitiva verdad y previa al fin del mundo, ¡resulta que están perdidos en vida y en espíritu!… Y nosotros, los que nunca pudimos creer, a nuestro pesar, ¡seguiremos en Su camino!… Lo que significa, paz, amor y dicha para nosotros y lo totalmente contrario para ellos.
    Escuchen bien: Dios existe. Solo es, que cuando Él termino Su obra, Su creación, dejó bajo la responsabilidad del hombre todo lo que le ocurriere a él mismo y al mundo desde allí en adelante. Y con esto no me refiero a lo que sabemos que ha hecho ocupando su boca y sus mienbros… sino a lo que ha hecho con sus malos sentimientos y pensamientos y nunca lo sospechó siquiera. Lo que se ha multiplicado por dos, cien, mil, y más, y con solo pensarlo y desearlo: Sin decir una sola palabra, sin dar un solo, paso… y sin propinar un solo golpe de puño. Totalmente quietos y con el solo confeccionar de palabras y proyecciones de imágenes mentales, potenciadas por el enojo, rabia e ira. Incomparables armas de inigualable poder con lo que ha provocado todo lo que a la naturaleza, a la desgracia, a la normalidad, casualidad, coincidencia, y cosas de Dios y del demonio, hemos atribuido. Manifestaciones que hemos creado también con los temores y el miedo. En donde hemos herido, mutilado y exterminado, aun, a quienes hemos amado y necesitado para bien y comodidad de nuestra vida.
    Por esto y así, nosotros —la humanidad entera— hemos sido la creación de todo lo que nos ha ocurrido, bueno y malo…, y más malo que bueno. Por ser que hemos dejado prevalecer nuestro pesimismo y negatividad, egoísmo y resentimientos, que amor, compasión y misericordia…, del uno para el otro. Pero en lo que, definitivamente, jamás tuvieron que ver ni Dios ni el diablo. Todo tan sólo producto surgido de nosotros y de acuerdo a nuestra natural mala voluntad. La cual, si por fuera y a la consideración de los demás, hemos podido fingirla y disimularla muy bien, al punto de engañar a los que nos circundan y engañarnos a nosotros mismos, por dentro y secretamente nunca pudimos reconocerla, y por elllo jamás superarla. Con lo que hemos sido demonios y las cosas de éste hemos estado realizando sin consciencia ni freno, en el mundo y en la vida de los demás…, y aun, en nosotros mismos.
    Y esto es que todo lo que hemos dejado que pernocte o estacione en nuestra mente, y hemos creído que pueda suceder, o que sucederá, de este proceso se ha estado haciendo nuestra realidad física y material. Lo que quiere decir que, tal como la Biblia lo sugiere, Dios nos hizo dioses, pero de esta manera. Y por esto, nada de lo que nos ha ocurrido como mal y maldad, Él es culpable… sino nosotros mismos.
    Esto, siendo tan espectacularmente extraordinario para iniciar una vida fantástica de fácil y hermosa, y la más grande y convincente razón para que nos sometamos al cambio que concluiría en el amor del uno por el otro, el que Jesús predicaba como nuestra salvación, ninguno de los que han seguido y siguen a Dios en las, hasta ahora, manifestaciones establecidas al respecto, podrá aceptarlo, ni se atreverá a ponerlo en práctica…, que será por lo cual será que como los judíos, se apartarán del Su camino… para perderse indefinidamente. Para entender esto, observemos qué les pasó a los judíos por no aceptar a Jesús como el prometido Mesías. Bueno, lo mismo les pasará a los cristianos; por no aceptar que Jesús ya vino en este recién iniciado tercer milenio, tal como nos lo había anunciado. Cosa que cumplió, pero lo hizo sólo para dejarnos sus últimas indicaciones en un libro y enseguida regresar al lugar desde donde se proyectó hacia nuestro mundo.
    Pero nosotros sí que lo aceptaremos, porque nos hace la vida fácil y liviana hasta un extremo que no conocíamos. Y porque nos dice que podemos hacer lo que se nos venga en gana, sin amenazas ni prohibiciones de, absolutamente, ningún tipo. Cosa que nos da más libertad, aun, de la que nosotros nos atrevimos a tomar; como libertad, propiamente tal. Y por tal diferencia continuaremos evolucionando para dicha, amor y plenitud.
    Mas, de tal modo es que hemos estado haciendo funcionar a Dios y al diablo por medio de lo que, finalmente, en nuestros pensamientos y nuestros sentimientos decidimos. De todo lo que de allí se determino, nos ha estado sucediendo en nuestra realidad y al mundo mismo. Nada ha sido lógico ni normal ni natural; ni fortuito ni coincidencia. Así, nada ha sido casual sino causal.
    Con respecto a Jesús, Él también existió. Y, tal como nosotros terminamos por deducir, fue un hombre como cualquiera de nosotros, quien sabía de esto desde hace mucho antes y quien se encargó de comunicárnoslo, tal cual lo hago yo ahora que lo aprendí de Él en un legado que descubrí el cual lleva entre nosotros cuarenta años y nadie supo entenderlo. Yo lo hice y hace dieciséis años que lo estudio y practico sus enseñanzas, y mucha experiencia tengo sobre el tema. Por eso puedo dar testimonio de que es cierto y real lo que a la pura práctica se refiere. Tal como Él nos lo anunció hace ya más de dos mil años, yo hago las cosas que hacía entonces, y cosas mayores hago, sin recurrir a su nombre sino porque a mí se me da la gana. Y sé que estoy procediendo correctamente porque Jesús me lo confirma en uno de los versículos de la Biblia cuando se expresa así: “Me diréis que habéis profetizado, que habéis sanado, que habéis hecho muchas obras en MI NOMBRE; más yo os diré, alejaos de mi hacedores de maldad, no os conozco”. Y yo nada hago en su nombre. Y si lo hago así…, ¡es que le estoy obedeciendo!… Y por ello es que pasé adelante de todos los que hoy se consideran salvados sin estarlos.
    Y la perdición les vendrá por no disponer de la libertad que los miedos infundados, los cuales les han sido inculcado durante milenios de sometimiento vano e inútil, su camino en estos menesteres paralizarán —libertad la que tenemos nosotros para decidir sobre lo que leemos, lo que decimos y lo que hacemos, y miedos que no tenemos—. Dejándolos sin un mínimo de valor —siquiera—, para revisar otra palabra que no diga de lo que ellos saben y creen. Por eso, tal como les sucedió a los judíos hace dos mil años, que se quedaron fuera por no creer que Jesús era el tan esperado Mesías, los “cristianos” lo padecerán también por no creer que el mencionado libro es Su prometida venida para esta hora última.
    Con respecto a lo que dicen y piensan ustedes acerca de toda iglesia implantada, de la falsedad, la hipocresía y el daño que encierra y del perjuicio que le han hecho al hombre en relación a su adelanto espiritual, y por ende a su dicha y paz sobre la Tierra, no es nada comparado con lo que Jesús afirma de ellos en los escritos que nos dejó para esta hora. Cuando ustedes se enteren de ello, lo valorarán y lo creerán, pues está todo lo dicho en él más completo acuerdo a lo que, tan cruda y terriblemente piensan ustedes de las religiones y de quienes las manejan. Y la palabra que nos vino, escuchen bien, ¡nos hace más libres de lo que nunca pudimos saber de la libertad y de lo que pudimos hacer con ella!… Jamás cometimos pecado con nuestro libre proceder sino adelanto. Mientras ellos sí, lo estuvieron cometiendo continuamente. ¿Lo comprenden? El haber llegado a estas alturas de la vida sin creer en Dios ni en Jesús, era la condición que deberíamos alcanzar para aceptar la última palabra del Gran Maestro
    Ahora, para nuestra perfección, solo tenemos que tomar el control de nuestra mente y sentimientos del corazón, y controlados así, sólo podrá sucedernos lo que nosotros deseemos como bien propio, de los demás…, y del mundo mismo.
    Si nos encontramos dentro del bien, podremos evitar todo lo que a la naturaleza concierne. Es decir: hasta podemos disolver todo tipo de manifestaciones “naturales” con solo pronunciarlo de vez en cuando, o cada vez que escuchemos de algún, sabio, científico o especialista, que asegurándolo lo anuncie.
    Para lo que es mal o maldad no me pronunciaré. Dejaré a cada uno que cometa. Pero no sin decirle que todo mal que cause, lo tendrá que experimentar en carne propia, alguna vez y en algún lugar; pero sin posible evasión.
    De esta manera es que comenzaremos a atar al demonio, como está profetizado en Las Sagradas Escrituras que será. Pero no será esto como llegamos a creerlo, sino porque nosotros comenzaremos a controlar lo malo que transite o se estacione en nuestra mente y nuestro corazón. Todo tendrá que ser desde hoy, perdón, compasión paz y amor allí. Que por no haber sido así antes, es que aún tenemos el mundo que tenemos, somos como somos…, y nos pasa lo que nos pasa. Todo para mal…, y cada vez de peor en peor.
    Mas todo cambiará para propio gusto y placer en quien crea en estas Buenas Nuevas y ponga en práctica para bien estos conceptos, que son verdaderamente pragmáticos, empíricos… o, realmente prácticos y fáciles; como tú quieras expresarlo pero que diga de lo normal y natural. de los cuales los resultados darán testimonio de su veracidad.
    No creímos en Dios porque nunca se nos mostró como algo posible de palpar, que fue la condición que exigimos para entregarle nuestra fe; y tuvimos razón. Pero ahora, más grande muestra que la que se nos pone a nuestra disposición, no puede haber. Ahora no creer en Dios sería no creer en nosotros mismos. Si nosotros somos reales, es que Él también lo es. Y no es que ahora se nos diga que nosotros somos dioses, y que nuestro Dios no existe, sino que son las señales enviadas por Él que nos demuestran Su existencia.
    Ahora podremos dejar de ser los demonios (algo en lo que está metido el mejor de los creyentes) que durante todo este tiempo de ignorancia fuimos, creando dentro de este estado tanto mal en las vida de los demás y en el mundo, que mucho nos sorprenderemos cuando enterados de esto nos veamos. Pero lo bueno es saber que eso ya terminó para nosotros. Y podremos, desde hoy mismo convertirnos en ángeles a los ojos de Dios, mientras que los que se creyeron dueños de la verdad se pierden en la adversidad. Y esto por el solo hecho de saber dónde está el Dios bueno y el demonio destructivo aprendiendo a controlar los torbellinos de nuestra mente y las tormentas de nuestro corazón. Calmándolo, volviéndolo paz y amor, primero hacia uno mismo, y luego hacia lo demás y lo demás. Y con este control, sólo cosas buenas y maravillosas transmitiremos a los demás, para que tengan y obtengan… y como devuelta tendremos en nuestras vidas todos los involucrados: Seguridad, provisión, abrigo, salud, amistad, amor…, paz y dicha. Todo en abundancia. Esto serán sólo privilegios para los que nunca pudimos creer en Dios, pues los que sigan creyendo a la vieja manera, por no darse la oportunidad de renovarse… allí se quedarán.
    Tengo mucho material impreso y totalmente inédito para ofrecerte al respecto, y para perfección de tu vida carnal y espiritual. Esto aparte del libro cuyo contenido en parte mencioné y cuyo título es: (“EL LIBRO DEL BUEN AMOR”. María Marcio, Editorial Kier). Este libro no está a la venta en ningún lugar. No lo vas a encontrar sino en Internet. Busca en el Google: Mercado libre argentino, y cuando ya estés allí, escribe en la barra respectiva lo que entre paréntesis te indiué un par de líneas más arriba. Y ojo, que lo que parece ser el nombre del autor, no es así; sino es el nombre de María, su madre, y el de su padre terrenal, un hidalgo y hermoso patricio romano llamado Marcio. Lo que deja todo lo creído por la imaginería humana, de Dios y Jesús, como una necesaria mentira que debía pronunciarse para implantar la verdad que sí, nos serviría para seguir evolucionando en el camino a Él. Sapiencia que yo sé, te hará sentir muy jubiloso. Porque sabrás que no erraste con tus pensamientos ni en tu conducta por la vida, y que, por el contrario, enriquecerá enormemente lo arraigado y hecho por ti con respecto a tu independencia de Dios y el ridículo miedo al demonio.
    Te indico también que dentro de sus páginas muchas veces verás escritos estos nombres, pero debes saber que cuando dice, Marcio, se está refiriendo a tu mente, a lo que tienes allí, a sus capacidades, a sus cualidades en tu aspecto macho, hombre, en lo que prima la inteligencia y el correcto discernimiento cuando no permites que tus sentimientos se impongan. Y cuando dice María, se está refiriendo a tu corazón, como la parte de hembra y las cualidades y defectos que estas encierran en sí. En lo que, cuando dajamos que se impongan los extremos sentimientos, no nos permiten estos hacer usufructo de la misma (inteligencia) sin permitirnos para nada razonar, como nosotros sií podemos hacerlo y la mujer no.
    Repasa —para que reconozcas esto— en la Biblia lo que hizo con Adán, Eva. Lo de Dalila con Sansón. Lo de la mujer de Potifar con José. Lo de Betzabé con David. Lo de las mozas con un Salomón ya entrado en años. Con Jezabel y sus instintos iracundos y asesinos, etc. Medita sobre esto primero y te darás cuenta que esa mujer está dentro de ti, la cual es la mujer que debes aprender, antes, a tratar, a amar y a dominar, para que te deje ejercer tu inteligencia íntegramente, para salvar todos los dramas existenciales y no acabe contigo, emocional o físicamente.
    Haces esto primero con tu mujer interior, y tu mujer material ya no será más un problema para ti sino sólo paz y dicha. Porque con este trabajo aprenderás sinceramente a conocerla. Debes saber que por esta condición natural, ella tiene derecho a ser como es, pues está toda sentimiento por Dios. Muy buena y “santa”cuando la tratas bien y le das lo que ella quiere y necesita para sentirse bien; complacida y en calma. Y mala hasta el extremo de lo demoniaco cuando la tratas mal y según el grado de tus malos tratos, cosa que si se da en tu vida, tú solamnete eres el responsable. Ella, por esta tremenda diferencia que existe entre los dos, no puede, por más que sea su voluntad, darle solución a los dramas de incomprensión y acuerdos de pareja, por que no dispone en su cabeza con lo que, para estos menesteres se requiere para armonizar la situacion, pero que en su corazón está como ruego y anhela con todas sus fuerzas, solo que no lo puede expresar con su boca. Que es otra cosa que ignorábamos y que nos hace ver una desconocida diferencia entre ellas y nosotros, que nos hace saber que ellas no poseen lo que nosotros tenemos como inteligencia, como así nosotros no podremos tener, jamás, lo extremo de bueno que ellas tienen como sinceridad y sentimientos. Y por ello, con nuestros sentimientos descontrolados, esta (la inteligencia) queda totalmente anulada, si la dejamos que los mismos se impongan, pues esto nos ordenan y nos impulsa mudamente, a decir lo que no debiéramos decir, y hacer lo que no corresponde. Lo que, si decimos y hacemos con el corazón quieto, todo será para bien y paz Y lo que, si no es controlado, pasamos a ser dos seres emocionales en una pareja, dos mujeres. En donde el jefe, el hombre que por inteligencia puede controlarlo todo para armonía y bien de ambos, ya se ha ausentado. Convirtiéndose con este femenino descuido, no digno de ser llamado ni inteligente ni varonil, todo en un caos hogareño y de convivencia. Mas, logrando aquietar la mujer que en nuestro corazón habita y en cada situación, lo veremos todo claro… como en cámara lenta. Estado interno en que no se nos escapará detalle alguno para bien reaccionar. Con lo que podemos ser justos y verdaderos amantes, y sabios, en las cosas de la vida y de relación… Y plenamente dichosos, sin duda alguna y sin otra alternativa.
    Hay más, mucho más, por supuesto. Y por cualquier cosa puedes ponerte en contacto conmigo, siempre que no sea para antagonizar, claro. Preguntar se podrá, como debe hacerlo por obligación cualquier niño inteligente en la escuela. Quien no debe discutirle al profesor ni tratar de enseñarle de lo que no tiene idea. Tal es el comportamiento que debe tener todo aquel que desee comunicarse conmigo, pues ya mucho he aprendido de estos, los religiosamente sometidos… Y ya no quiero seguir perdiendo el tiempo porque, ciertamente, he dado por definitiva la convicción de que ya no tienen vuelta.
    Anota en el siguiente correo, por cualquier cosa:
    huvianma1@hotmail.com

    Comentario por Huvi Anma | Viernes, 3 septiembre 2010 | Responder

  23. Hace muchos siglos se practicaba la Alquimia, la Astrología y la Religión (o más bien las religiones). Con el paso del tiempo la Alquimia fue sustituida por la Química, la Astrología se convirtió en Astronomía y la Religión devino en Filosofía. Pero las cosas no ocurrieron de manera sencilla. Mientras que para el siglo V antes de nuestra era en Grecia ya se habían estructurado sistemas filosóficos refinados, en otras sociedades todavía se practicaban religiones primitivas, como el animismo. Respecto a la Química y la Astronomía, estas ciencias convivieron con la Alquimia y la Astrología hasta mucho tiempo después. No obstante, en las llamadas “sociedades modernas” la Alquimia (amuletos de aleaciones mágicas, sustancias homeopáticas milagrosas, etc.) y la Astrología (horóscopos, cartas astrales, etc.) aunque son rechazadas sistemáticamente por las comunidades científicas, todavía son aceptados por mucha gente, incluso por universitarios y políticos de alto rango. No obstante, aun cuando muchas personas “respetables” consultan adivinos, médiums, lectores del tarot, quirománticos, astrólogos, etc., la mayoría lo hace con discreción, sobre todo si su posición social o política pudiera ser afectada por el conocimiento público de esta afición.
    Pero algo muy curioso ocurrió con la Filosofía y la Religión, ya que en pleno siglo XXI ambas conviven públicamente, aun en las sociedades “desarrolladas”. Actualmente científicos de primer nivel y políticos con altas responsabilidades no tienen empacho en declarar públicamente que practican alguna religión y que incluso sus decisiones más trascendentales las basan en esta creencia. En algunos países occidentales los presidentes, primeros ministros y otros altos funcionarios todavía juran ante la Biblia cuando toman posesión de su cargo. Aun países que cuentan con un stablishment de científicos destacados, como Israel, practican una política nacional basada en conceptos religiosos, con los cuales justifica su expansionismo.
    Sin embargo, a la mayoría de las personas no les preocupa esta situación, e incluso aseguran que la Religión es necesaria para normar la moral de las sociedades, puesto que “si la sociedad no tuviera una base religiosa, se desataría el libertinaje”. Aun más: hay quienes aseguran que no puede existir una ética social o individual que no esté basada en conceptos religiosos, y que el ateísmo generalizado fomentaría el egoísmo, el hedonismo y la criminalidad.
    No obstante, hemos observado a lo largo de la Historia que la mayoría de los discursos moralistas de los gobernantes y jerarcas de las iglesias nada tenían que ver con sus verdaderos sentimientos. Mientras que en público –y a veces también en privado– predicaban la justicia, la compasión, la equidad, etc., sus vidas transcurrían en medio de feroces luchas por el poder y el dinero. No se nos olvide que todavía a mediados del siglo XIX se consideraba perfectamente compatible con la ética cristiana la esclavitud de los negros, la explotación inmisericorde de los obreros (con horarios de hasta 12 horas diarias y salarios con los que apenas podían sobrevivir) y el trabajo infantil (recordemos a los niños limpiadores de chimeneas que aparecen en algunos relatos de Charles Dickens). En plena Era Victoriana, cuando la represión sexual llegó a extremos grotescos en los países protestantes, algunos miembros de la aristocracia y algunos jóvenes (y no tan jóvenes) adinerados no tenían objeciones morales cuando seducían a sirvientas urbanas o jovencitas campesinas, quienes terminaban sus vidas en prostíbulos o, en el mejor de los casos, en instituciones de caridad para “mujeres descarriadas”.
    Pero no todo esto quedó en el pasado. Actualmente todavía existe la explotación del trabajo infantil, la negación de los derechos de las mujeres (especialmente en los países islámicos), la depredación del medio ambiente, las guerras de rapiña (como las de Iraq y Afganistán), la tortura (tanto política como policiaca), el tráfico de armas, la trata de blancas, la trata de menores, la pedofília, etc. Aun cuando estas conductas son reprobables per se, resultan más preocupantes por el hecho de que muchos de quienes incurren en ellas se declaran creyentes y practicantes de alguna religión.
    Ante este panorama, ¿qué podemos pensar de quienes insisten en seguir fundamentando la ética sobre creencias religiosas y no sobre una sólida reflexión filosófica? Muchos moralistas simplemente son hipócritas o fanáticos perdidos, o las dos cosas. Sin embargo, quienes más me preocupan son quienes están sinceramente convencidos de que la religión es el único fundamento confiable para elaborar un código de ética que pueda normar la conducta de los individuos de todas las sociedades y en todas las ocasiones. ¿Por qué? Porque a lo largo de la Historia hemos presenciado las consecuencias de una ética irreflexiva que únicamente sigue los dictados de una camarilla autoproclamada “intérprete” de la voz de Dios, o de los dioses. Aun cuando las castas sacerdotales (o “jerarquías eclesiásticas”, como se les llama ahora), actuaran de buena fe, cosa que rara vez ha ocurrido, nada nos garantiza que sus opiniones sean dignas de acatarse ciegamente. Por ejemplo, ¿en qué siglo, en qué lugar y a qué persona le dijo Dios cuál era su opinión respecto al robo, el homicidio, el adulterio, el aborto, la eutanasia, el incesto, etc.? Con excepción del incesto, el cual está prohibido en la mayoría de las culturas, prácticamente todas las religiones difieren en relación con estos temas. Y lo que es peor: las opiniones de las castas sacerdotales han variado a lo largo de la Historia. Por ejemplo, durante la Edad Media europea la Iglesia Católica raras veces condenaba el aborto, especialmente si se cometía durante los primeros 40 días posteriores a la concepción, cuando todavía no se instalaba el alma en el feto (ver los escritos de Tomás de Aquino). Por lo que respecta al homicidio, las castas sacerdotales han adoptado todas las posturas imaginables. El quinto mandamiento de los cristianos, “no matarás”, debió haber contenido la siguiente aclaración: “a menos que te lo ordene la casta sacerdotal o directamente Dios”.
    Se me dirá que la ética basada en la Religión es intrínsecamente buena y que las fallas que pudiera tener se deben a la mala interpretación de los libros sagrados. Ante tal aseveración me pregunto: ¿Quién o quiénes escribieron los libros sagrados? Hasta donde sé, la opinión de Dios o de los dioses que aparece en los distintos libros “sagrados” varía ampliamente. Por ejemplo, las “verdades eternas” que aparecen en los Vedas, el Corán, la Biblia, el Popol Vuh, etc., no se parecen mucho entre sí, lo cual significa que, o los escribas no tomaron adecuadamente el dictado divino o que los dioses han cambiado continuamente de opinión. También puede ser que todos estos libros no sean más que colecciones de mitos que han perdurado hasta la actualidad gracias a la autoridad y el poder de las distintas castas sacerdotales, que los han utilizado para preservar sus privilegios. Me atrevo a sugerir que esto último es lo más probable. Un hecho que abona a favor de esta aseveración es el caso de los libros que describen las antiguas religiones griega, celta y nórdica, los cuales, aun cuando se han preservado hasta el presente, están consideradas “oficialmente“, no como literatura sagrada, sino como simples colecciones de mitos, debido a que las castas sacerdotales que los sustentaban desaparecieron hace siglos.
    Muchos creyentes de varias religiones me han comentado que, falsos o verdaderos, los “valores” religiosos son necesarios para preservar la paz social, la convivencia y, sobre todo, el sentido de la vida, tanto a nivel individual como social. A esto yo contestaría que el principio fundamental de toda ética es la verdad, y que si se acepta construirla sobre algo falso (por más noble que sea), tarde o temprano se caerá en la obediencia ciega e irreflexiva. Por ejemplo, los inquisidores católicos no se preguntaban si era cierto o no que Dios aprobaba la tortura a los herejes; lo hacían sin ningún remordimiento, creyendo ciegamente que estaban cumpliendo con los mandatos de su Dios, expresados a través de sus representantes terrenales, es decir, de los sacerdotes cristianos. Esto mismo pensaban los verdugos durante la llamada Noche de San Bartolmé, cuando fueron asesinados más de 50 mil hugonotes en Francia, por órdenes del Papado.
    Pero tampoco debemos confiar en los mesías laicos. Carlos Marx y sus seguidores aseguraban que el Socialismo “científico” nos iba a dar la posibilidad de crear el paraíso en la Tierra. ¿Y qué paso? Se equivocaron en sus profecías, y el experimento social en la Unión Soviética y en otros países “socialistas” terminó en un infierno terrenal. ¿Por qué? Porque los nuevos sacerdotes laicos, creyéndose poseedores de la verdad absoluta, despreciaron las opiniones de los socialistas “utópicos” como Bakunin y Kropotkin, de los sociólogos “burgueses” como Max Weber y de los filósofos “reaccionarios” como Nietzsche. Pero su peor error fue despreciar la opinión de sus pueblos e impedir su participación directa en los asuntos del Estado, con lo cual cerraron el camino hacia la democracia, y ésa es la razón por la que todos los regímenes comunistas terminaron en dictaduras. Una vez que las nuevas teocracias laicas se apoderaron de los gobiernos, todo signo de disidencia fue aplastado inmisericordemente y, en vez de socialismo, se implantó el peor de los capitalismos: el capitalismo de Estado, un sistema ineficiente y paralizante de toda iniciativa individual.

    ¿ÉTICA O ÉTICAS
    A fin de cuentas, no existen más que dos tipos de ética: la ética idealista y la ética realista. El primer tipo de ética se basa en preceptos filosóficos o religiosos sin base científica alguna. El ejemplo más paradigmático de la ética idealista es el famoso “imperativo categórico” kantiano, que no es otra cosa que la versión laica de la ética judeo-cristiana. Aun cuando Kant no basa su ética en imperativos divinos, no es menos arbitrario al exigir al hombre que “ajuste sus acciones a los principios éticos universalmente admitidos” (ver la obra Crítica de la razón práctica).
    ¿Por qué es importante que un sistema ético tenga fundamento filosófico y científico y no sea únicamente el resultado de una especulación filosófica que no toma en cuenta la Sociología, la Historia, la Biología, la Antropología, etc.? La respuesta es muy simple: Porque, a diferencia de la filosofía especulativa, la ética tiene como fin constituirse en guía de conducta de una sociedad real y concreta, y si no cumple con este cometido puede hacer más mal que bien.

    LA ÉTICA JUDEO-CRISTIANA
    La ética cristiana, además de considerar al ser humano como un perpetuo menor de edad que tiene que obedecer sin ninguna explicación una serie de normas y preceptos absurdos, aterroriza a sus seguidores con castigos que no se le ocurrirían ni al más refinado sádico. Por supuesto que todo esto no es gratuito: los sacerdotes y gobernantes sacan abundante provecho de esta situación. Como todos sabemos, el primero que se benefició con la imposición de esta religión del terror fue el emperador Constantino quien, allá por el año 313, declaró al Cristianismo como la religión oficial del Imperio Romano. Posteriormente los papas y obispos utilizaron el prestigio de la civilización romana para para cristianizar a los reyes bárbaros del norte de Europa, y con ellos a sus súbditos. Obviamente, los evangelizadores se hicieron retribuir generosamente sus “servicios” y se convirtieron en consejeros y administradores de los reinos recién convertidos, con los consiguientes privilegios que esto significaba.
    Actualmente todavía hay personas que creen que el cristianismo puede aportar algo a la humanidad. Estas personas parten del supuesto de que las instituciones terrenales (es decir, las iglesias cristianas) tergiversaron las enseñanzas de Jesucristo y las utilizaron para lucrar con la fe de los pueblos. No obstante, esta postura no es en absoluto original, pues no es más que una versión moderna de las propuestas de Lutero y Calvino, las cuales, como se sabe, no sirvieron para instaurar el reino de Dios en la Tierra, sino que propiciaron pavorosas guerras religiosas, persecuciones y un sentimiento todavía más opresivo entre sus seguidores, conocido como “la opresión de la ética protestante”, que en mucho propició la aparición del capitalismo moderno (ver las obras de Max Weber).

    LAS ÉTICAS TEÍSTAS
    Algunos pensadores proponen una la ética basada en un dios mentalmente antropomorfo, que puede ser o no una persona. Pero antes de evaluar esta ética, debemos analizar exactamente en qué creen, qué es lo que proponen y en qué se basan los promotores de este tipo de creencias.
    A diferencia de los seguidores del Cristianismo y de otras religiones, los teístas (panteístas, antrópicos y algunos agnósticos) no creen en textos revelados ni en profetas iluminados; ellos más bien manifiestan que tienen la “sensación” de que existe algo más que la realidad que percibimos con los sentidos y que el Universo no es producto del azar, sino el resultado de un plan preconcebido por un ente cuyos designios sólo podemos intuirlos a través de la meditación y la observación de la naturaleza y sus leyes.
    Por ejemplo, los antropistas o antrópicos aseguran que las leyes y las condiciones del universo están “calibradas” de tal manera que propicien la aparición no sólo de la vida, sino de la vida inteligente y consciente. Dicen que si el Sol fuera más caliente o más frío o si la órbita de la Tierra fuera diferente (es decir, si la Tierra estuviera más cerca o más lejos del Sol), no hubiera ocurrido el fenómeno de la vida en este planeta. También aseguran que si el ciclo de la vida de las estrellas fuera más breve no habría tiempo de que se desarrollara vida inteligente en los planetas; que si ocurrieran con más frecuencia explosiones de supernovas, esto interrumpiría continuamente el desarrollo de la vida. En fin, estos pensadores suponen la existencia de un ente cuasiconsciente que elaboró desde el principio de los tiempos un proyecto o programa que ha venido guiando el desarrollo del Universo.
    Las creencias de los panteístas son parecidas a las de los antrópicos, aun cuando su cosmología está menos desarrollada. Pero la diferencia fundamental entre ambos es que los primeros suponen que puede existir una comunicación “espiritual” entre el ente rector del universo llamado Dios y las criaturas inteligentes que lo habitan, mientras que los segundos no creen que se pueda establecer alguna clase de comunicación con este ser, y que cualesquiera que sean sus planes y proyectos trascendentes, éstos ya están contenidos en las leyes del universo.
    Aunque no me parecen descabelladas estas ideas (especialmente si las comparamos con las propuestas absurdas de las religiones tradicionales), no creo que puedan servir de base para la elaboración de una ética universal, por la sencilla razón de que nadie sabe exactamente cuáles son las intenciones y cuál es la meta final de este ser rector del universo. Es más, nadie sabe exactamente qué desea este ser, si es que desea algo o si es que existe.

    LA ETICA REALISTA
    Consideramos que no se puede basar la ética en las enseñanzas de un dios cuya existencia nunca se ha demostrado, ya se trate de un ente filosófico como el dios de los antrópicos y los panteístas, o de un dios mitológico como el de todas las religiones basadas en textos “sagrados”. Por lo tanto, la única ética posible es la que dimane de una filosofía materialista y de ciertos hechos científicamente respaldados, y este es el caso de la ética realista, la cual parte del supuesto de que el Hombre no es más que un primate de la clase de los mamíferos, y que lo único que lo diferencia de los demás animales es el tamaño de su cerebro, su gran capacidad para manipular objetos y su legado cultural. La sinergia entre estas tres características es lo que ha permitido al ser humano los actuales niveles de conocimiento científico, de manipulación tecnológica y de desarrollo artístico. Hasta donde sabemos, el hombre es el único animal que ha podido acumular generación tras generación conocimientos científicos y metodologías tecnológicas y trasmitirlos a sus descendientes; también es el único animal capaz de apreciar la belleza en todas sus manifestaciones. Por otra parte, aunque no es la única especie que tiene en alta estima el amor en todas sus formas (quien posea una mascota seguramente sabrá que existe un lazo de amor entre él y el animal elegido como mascota), es el mamífero que más sufre si se le priva de éste, especialmente en la infancia (se ha comprobado que un bebé puede morir si se le priva de afecto durante los primeros meses de vida, aunque se le proporcione alimento y cuidados físicos).
    La ética realista también parte del supuesto de que no existe el bien “en sí” ni el mal “en sí”; es decir, que la bondad y la maldad no son ideas abstractas con vida propia, sino conceptos derivados de la convivencia social y de la Historia, y que fuera de las sociedades humanas estos conceptos no tienen sentido alguno. Por ejemplo, un león no es “malo” porque mata gacelas para comérselas. Tampoco es “buena” una pantera que ofrenda su vida para defender a sus cachorros.
    Antes de analizar más a fondo qué es la ética realista, debemos tratar de entender qué es la ética, o más bien qué se ha entendido por “ética” a lo largo de la Historia. Etimológicamente, proviene del griego ethos, que significa carácter o comportamiento. Si consideramos que el Hombre es esencialmente un animal social (un zoon politikon, como diría Aristóteles), entonces también queda sobreentendido que se refiere al comportamiento del hombre frente a sus semejantes. Aunque los egipcios y los hebreos ya tenían preceptos éticos, éstos se circunscribían casi exclusivamente a “mandamientos” divinos; es decir, se trataba de normas morales absolutamente obligatorias y carentes de explicaciones o fundamentos. Los primeros pensadores que iniciaron el estudio filosófico de la ética fueron los sofistas, y de entre ellos destaca Protágoras, quien sostenía que las normas morales no eran mandamientos divinos sino deberes sociales que permitían el buen funcionamiento de las sociedades. Por su parte, Platón sostenía que existía un mundo moral ideal al cual debía adecuarse el comportamiento humano. Pero este eminente filósofo nunca se tomó el trabajo de explicar en dónde se encontraba este mundo moral ni cómo se había enterado de su existencia. Finalmente, Aristóteles, aunque aseguraba que la ética sólo podía basarse en la razón, y que su finalidad era la felicidad humana, sostenía que ésta debía ajustarse a los designios divinos. Posteriormente aparecieron otros pensadores que abordaron el tema desde distintas perspectivas, como Espinoza, Kant y Hegel (y otros muchos, cuya lista sería interminable); pero prácticamente todos coincidían en considerar a la ética como un catálogo de deberes y obligaciones dictados por la Divinidad, la Razón, la Naturaleza u otros entes abstractos cuyos planes y deseos sólo eran conocidos por algunos iluminados. Y ya que hablamos de iluminados, creo conveniente incluir a Sidartha Gautama, uno de los pocos pensadores antiguos que prepuso un manual de ética más o menos sensato (El Óctuple Camino), cuyas ideas fueron retomadas por los estoicos.
    La síntesis presentada en el párrafo anterior está exageradamente resumida, ya que su única intención es enmarcar en una perspectiva histórica la idea equivocada que han sostenido la mayoría de los pensadores: que la ética es un catálogo de obligaciones que compelen al individuo a actuar de tal o cual manera, siguiendo los lineamientos de una entidad abstracta cuyos planes y deseos sólo ellos conocen o suponen que conocen.
    La ética realista, por el contrario, está basada en dos sólidos pilares: a) Una reflexión filosófica seria y rigurosa sobre hechos históricos, biológicos, psicológicos, y sociales verificables, y b) los fines e intereses del individuo y de la sociedad en la que está inmerso. Además, no exige más de lo que puede ofrecer un individuo mentalmente sano y que viva en una sociedad más o menos libre y empática. Como todas las demás, la ética realista propone el altruismo, pero no de cualquier clase: propone el altruismo razonado. Se trata de una ética de círculos concéntricos: primero yo, después mi familia, después mis amigos, después mis conocidos, después mi comunidad y finalmente toda la humanidad (no necesariamente en ese orden).
    Debemos hacer énfasis en que sólo con una apropiada educación de los niños, en el más amplio sentido de la palabra, se puede crear una sociedad empática y cooperativa. Desde que nace el niño recibe, principalmente de sus padres, un flujo continuo de una porción de la enorme herencia cultural que ha acumulado la humanidad a lo largo de milenios. Este mecanismo de asimilación o interiorización continúa en las escuelas y durante las interacciones sociales hasta la edad adulta y aún más allá. Dicho proceso educativo no consiste únicamente en la trasmisión/recepción de conocimientos y habilidades, sino también en el entrenamiento para el control de los sentimientos y emociones y para el refinamiento o afinamiento de los gustos y las percepciones. Si un hombre no aprende a controlar sus sentimientos y emociones se convierte en un individuo irascible, intolerante, patológicamente egoísta y finalmente en un inadaptado social. Si no logra refinar o afinar sus gustos y percepciones jamás logrará disfrutar del arte, la amistad, y el amor. No olvidemos que hasta para paladear un buen vino se requiere del entrenamiento y/o refinamiento del sentido del gusto.
    Cuando el ser humano llega a cierta edad, comienza a tomar más en serio sus conflictos éticos, especialmente cuando se involucra por primera vez en proyectos (moralmente) idealistas, ya sean personales, políticos o comunitarios. Estos conflictos surgen debido a la confrontación entre sus intereses “egoístas” y sus ideales o intereses “altruistas”. No obstante, las más de las veces éste es un falso conflicto, ya que ambos intereses pueden no ser contradictorios. Por ejemplo, si un joven egresado de una escuela de medicina está indeciso entre instalar un consultorio en la ciudad e iniciar una lucrativa práctica médica o irse a recorrer rancherías para ayudar a curar campesinos, no tiene por qué angustiarse: puede optar por lo segundo y, si después de algunos años se le “acaba” el idealismo, podrá regresar a la ciudad. Si, por el contrario, la atención a los desamparados le satisface más con el paso de los años y esto le da sentido a su vida, puede decidir no regresar a la ciudad, aunque viva con ciertas limitaciones.
    ¿Qué se requiere para implantar la ética realista en nuestro convulsionado mundo, antes de que nos destruya la guerra atómica, el cambio climático, el caos ecológico o alguna pandemia? En primer lugar, eliminar la influencia de las castas sacerdotales y demás “guías espirituales”. Mientras subsista la influencia de sacerdotes y otros intermediarios entre los dioses y la humanidad  que compelan a los hombres a seguir los deseos de las divinidades, todas las éticas tendrán como objetivo que los individuos y las sociedades cumplan con sus mandamientos, y estos mandamientos seguirán siendo los que les convengan a la casta sacerdotal. Pero también hay sacerdotes laicos promotores del culto a la Patria, a la Raza, a la Cultura Occidental, al Estado, al Proletariado, al Capitalismo, etc. (Hitler, Stalin y Pol Pot son apenas algunos ejemplos). Estos sacerdotes laicos sostienen que los individuos no valen nada si no están al servicio de una causa gloriosa y trascendente. Por supuesto que no estamos en contra de las causas grandiosas (como serían la conquista de Marte, la erradicación mundial de la pobreza, etc.). A lo que nos oponemos es a que estas causas sean convertidas en fetiches y se obligue a los hombres a rendirles culto.
    Otra cosa que impide la propagación de la ética realista es la perversión de los instintos provocada por una mala educación dentro de la familia, ambientes sociales demasiado adversos y el bombardeo ideológico de los medios de comunicación mercantilizados, que promueven el egoísmo miope, el hedonismo barato y la violencia gratuita. Esto propicia el embotamiento de los sanos instintos y de los sentimientos de solidaridad y empatía, y genera una multitud de individuos patológicamente egoístas o, lo que es peor, moralmente autistas, es decir, incapaces de conmoverse ante el sufrimiento ajeno o involucrarse en actividades sociales o comunales que no les reditúen recompensas inmediatas y tangibles.
    Finalmente tenemos la falta de visión histórica, social y política de las clases dirigentes. La mayor parte de los miembros de las plutocracias, especialmente en los países del Tercer Mundo, piensan que apartándose físicamente de la “chusma” y refugiándose en recintos amurallados y protegidos estarán a salvo de la delincuencia y de los conflictos sociales. No obstante, mientras formen parte de una sociedad, tarde o temprano también serán víctimas de un un robo, secuestro u homicidio y, en caso de un estallido social, serán los primeros en sufrir sus consecuencias. Su sano egoísmo debería indicarles que vale la pena sacrificar un poco de su riqueza para propiciar una comunidad humana más justa e igualitaria, lo que a su vez producirá seguridad, paz y armonía social.

    (ESTE ARTICULO FUE PUBLICADO EN EL SITIO KAOSENLARED)

    Comentario por Empédocles el Abstemio | Martes, 21 septiembre 2010 | Responder

  24. palabra de dios… ¡PALABRA DE HOMBRE!
    Un texto que expone, sin mezquinar detalles, los alcances del poder de la mente habido en cada ser humano de manera natural, normal (innata). De cómo éste ha hecho usufructo de él sin haber tomado jamás conciencia. Creándose con ello para sí mismo y creando para quienes lo rodean, toda clase de circunstancias…, sin abrir la boca y sin mover un solo dedo. De cómo, sin saberlo, así, tal cual, el mismo hombre ha estado colocándose trampas y tropiezos en el camino, sufriendo con esto todo tipo de percances: Malos, negativos, perjudiciales destructivos y mortales. Y que dice de cómo identificar estos detonantes, asirse del control, y disolver con ello sus consecuencias presentes (en las cuales ya se encuentra sometido sin posibilidad de evasión de otro modo que no sea éste) y las futuras (a las cuales está condenado por faltas cometidas anteriormente, sin saber qué le espera de ello, sino hasta ahora). Escrito que hará cambiar, radicalmente, la forma de pensar de las personas para propio y efectivo bien. Haciéndoles entender de pronto, que nada de la vida ha sido cosa casual sino del todo causales; cuyos autores o creadores están entre los propios hombres. Ordenándose ellos con dicho e ignorado poder las consecuencias anotadas: Del uno para sí mismo, del uno para todos, de todos contra uno…, y de todos contra todos. Infiriéndose de este modo la generalidad de las enfermedades conocidas y desconocidas, necesidades, desdichas, desgracias, etc. Sin excluir en esto el todo de aquello que siempre se ha definido como, “natural”, normal o lógico. Vocablos que, con estas enseñanzas, literalmente, pierden sus significados.
    Denuncias, advertencias, claras y concisas, que ponen en el tapete los efectos provocados por los secretos vaivenes de la mente de cada uno, y del peligro de dejar que las cosas continúen así. Que, de no cambiar el rumbo de lo allí, hasta ahora concebido —hoy que nos llega nuestra verdad, trayéndonos ella la solución a nuestras tribulaciones todas—, sería el más grande descuido jamás cometido por hombre alguno. Puesto que, llevando a la práctica éstas, ciertamente, pragmáticas y certeras indicaciones, se dará con ello fin a toda cosa desagradable, amarga o indeseada. Asunto que, con toda seguridad, terminará con la angustia, desesperanza y desesperación que, esporádica, temporal o constantemente nos aqueja. Que es todo aquello que ha hecho de nuestras vidas un laberinto de desconciertos y un caos de confusión interior y exterior.
    Que así fue la existencia del hombre a través de los tiempos por no disponer de posibles soluciones, o de una fórmula para controlar sus miedos y sus iras, como así también lo “supuestamente” imprevisible o incontrolable; cuya causa ha sido la razón de tanta barbarie y barbaridad, por considerarse (lo natural) inevitable, indisoluble, inminente, y sin posibilidad de salvataje o evasión.
    Mas, con esta revelación, todo pasará, inminentemente, a formar parte de la falacia, de la fantasía, de la ignorancia y el mito. Por lo cual cuyas generaciones venideras, no demasiado lejanas, con curiosidad sabrán de ello, quienes ya disfrutando de otros superiores o eminentes estados de conciencia, así lo denominarán. Mientras nosotros aún nos encontraremos sometidos a vivir el cambio, intrigados y boquiabiertos, sin poder comprender con facilidad ni entender aún, cómo puede ser así de tan posible lo que estamos conociendo y viviendo. Pero que, sin embargo, estaremos comprobándolo por sus obvias y evidentes manifestaciones… una y otra vez…, y en casos, uno más increíble e imposible que el otro.
    Con éstas revelaciones entonces, comienza el fin de una, larga, sufrible (¿tragicómica?), inútil, vana y burlesca etapa para el hombre. Y se da inicio a otra plena de soluciones, facilidades, paz, descanso, contento. Acompañada por superiores satisfacciones e inéditas emociones, las cuales exceden lo más bello y hermoso conocido por la humanidad. Además del sinfín de prebendas que ello significa. Y todo junto a la más excitante, convincente y fascinante declaración de nuestra total libertad de acción e independencia ante Dios, y de nuestra inmortalidad en un trayecto cósmico repleto de mundos, con inacabables reencarnaciones y una existencia eterna.

    Comentario por Huvi Anma | Viernes, 8 octubre 2010 | Responder

  25. Una serie documentada que hará física y espiritualmente LIBRE al hombre. Que acabará CON SUS TRIBULACIONES Y DESDICHAS HUMANAS (material y mental). Que DERRAMARÁ EL ESPÍRITU SOBRE TODA PERSONA. Que REVELARÁ LAS COSAS DEL PRINCIPIO AL FIN; y… Que otorgará LA VIDA ETERNA.

    Comentario por Huvi Anma | Viernes, 8 octubre 2010 | Responder

  26. soy creyente? no. no lo soy ya ke estamos aki gracias ala evolucion. desde muchos millones antes ke la epoca mesosoica…….

    Comentario por jorge luis | Miércoles, 9 febrero 2011 | Responder

  27. cool…

    Comentario por maria gabriela verbel arroyo | Sábado, 12 febrero 2011 | Responder

  28. pos si eres creyente..ya que crees en la evolucion…..y que existiamos desde hace mucho tiempo….no crees?????

    Comentario por maria gabriela verbel arroyo | Sábado, 12 febrero 2011 | Responder

  29. el universo no es toda la existencia , la existencia es mas grande que el infinito e incluso mas grande que la eternidad misma . el tiempo no existe es una simple dimensión mas , la idea de un dios es posible si el tiempo no existe como un principio y fin .
    los ateos son tan ignorantes como los creyentes religiosos y eso es muy difícil de cambiar .
    la fe es un instrumento que te lleva a la comprobación he ahí su verdadero poder , para quienes lo saben usar .

    Comentario por edson | Miércoles, 28 marzo 2012 | Responder

  30. QUE PAGINA TAN GASSSSSSSSSSSSS!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

    Comentario por melanie | Lunes, 17 septiembre 2012 | Responder

  31. gasssssssssssssssssssssssssssssss de pagina tan larga

    Comentario por karol | Domingo, 3 febrero 2013 | Responder

  32. AL NO EXISTIR DIOS, NO TIENE POR QUE HABER ATEOS.

    Comentario por hermenegildo cardona | Jueves, 29 agosto 2013 | Responder

  33. Me parece en extremo interesante su ponencia y borbotean en mí cientos de preguntas a partir de lo expuesto, que en partes y parece ser por desconocimiento de la religión no expone en concreto la ética religiosa o cristiana, pero me gusta la afirmación de la etica atea. Sin embargo la pregunta fundamental q surge en mí es ¿de dónde obtiene el ateo la noción de bien? Me encantaría poder dialogar más con usted si hay alguna manera le pido me lo haga saber.

    Comentario por arturo | Lunes, 23 febrero 2015 | Responder

    • Pues, tal y como se explica en el texto, la ética atea procede de la reflexión sobre aquello que es justo e injusto, a diferencia de las éticas religiosas que proceden de tradiciones supuestamente ligadas a la divinidad.

      Con esto no quiero decir que las éticas religiosas sean perniciosas, evidentemente.

      Comentario por Tiberio | Lunes, 23 febrero 2015 | Responder


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